25 de septiembre de 2016

Pablo Díaz y Alejo García Pintos: La Noche de los Lápices. Esas Otras Siluetas del Horror. (Parte II)

PABLO DÍAZ.
Sobreviviente de La Noche de los Lápices.
ALEJO GARCÍA PINTOS.
Actor.
Interpretó a Pablo Díaz
en el film La Noche de los Lápices.

Lápices que siguen escribiendo

Felipe Pigna

“La crueldad no tenía límites en aquella Argentina ocupada de 1976 y esto estaba lejos de ser un defecto para los usurpadores del poder y sus socios civiles. Era para ellos una de sus virtudes aquella decisión “inclaudicable” de reorganizarnos, de llevarnos por la “senda de grandeza”, aquellos “objetivos sin plazos”, “aquel marchemos hacia las fronteras”, “el tiempo y esfuerzo, esenciales para cualquier logro”, el “achicar el Estado es agrandar la Nación” y todo esa  palabrería hueca que escondía el vaciamiento del país y la peor matanza de la historia argentina.

Aquella matanza contó con el aval explícito del Departamento de Estado de los Estados Unidos, como lo recordaba el ex embajador en nuestro país Robert Hill: “Cuando Henry Kissinger llegó a la Conferencia de Ejércitos Americanos de Santiago de Chile, los generales argentinos estaban nerviosos ante la posibilidad de que los Estados Unidos les llamaran la atención sobre la situación de los derechos humanos. Pero Kissinger se limitó a decirle al canciller de la dictadura, almirante César Guzzetti, que el régimen debía resolver el problema antes de que el Congreso norteamericano reanudara sus sesiones en 1977. A buen entendedor, pocas palabras. El secretario de Estado Kissinger les dio luz verde para que continuaran con su ‘guerra sucia’. En el lapso de tres semanas empezó una ola de ejecuciones en masa. Centenares de detenidos fueron asesinados. Para fin del año 1976 había millares de muertos y desaparecidos más. Los militares ya no darían marcha atrás. Tenían las manos demasiado empapadas de sangre”.

El general-presidente Videla quiso convertir aquella masacre en una incógnita declarando que el desaparecido “no tiene entidad, no está ni muerto ni vivo, está desparecido”. La elección de la palabra no es aleatoria, es perversa en boca del verdugo, que no tenía ninguna duda sobre el destino de los prisioneros políticos y exhibía en público el terrible método elegido para atormentar aún más a los familiares: crear la incógnita sobre el destino de su ser querido. Aquel desconocimiento era parcial porque el horizonte del grupo familiar que sufría la pérdida era dramático y no era tan incógnito el destino sufrido por la víctima como conocer el lugar de detención y poder saber si seguía con vida. Sobre el resto no había incógnitas, había certezas, dolor, soledad y búsqueda incesante.

En aquel panorama la represión en los colegios secundarios fue muy dura, y apuntó a terminar con el alto nivel de participación política de los jóvenes en los centros de estudiantes y en las agrupaciones políticas.

Las invitaciones a vigilar y castigar pasaban de la conferencia de prensa a la sala de torturas y a la muerte. Muchos colegios secundarios del país tienen hoy placas conmemorativas de sus alumnos desaparecidos.

El hecho emblemático, “didáctico” de aquel terrorismo de Estado fue el que pasó a la historia como “la noche de los lápices”, aquella noche del 16 de septiembre de 1976 -21 aniversario del derrocamiento del primer peronismo por la autodenominada Revolución Libertadora- en la que fue secuestrado un grupo de jóvenes militantes secundarios de la ciudad de La Plata y alrededores. La que había sido la ciudad Eva Perón era ahora el reino del general Ibérico Saint James, autor “literario” de la inolvidable frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, luego a los indiferentes y por último a los tímidos”.”

(Fuente: http://www.elhistoriador.com.ar/articulos/dictadura/lapices_que_siguen_escribiendo.php)

Año: 2016
Cantidad de Bloques: 02

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17 de septiembre de 2016

Luciana Rosende: Los Días Sin Jorge Julio López

LUCIANA ROSENDE
Periodista.
Co-autora (junto a Werner Pertot)
del libro "Los días sin López. 
El testigo desaparecido en democracia."

“Recién a fines de 2008, con la causa en manos de la Secretaría Especial del juzgado de Corazza, que estaba abocada a casos de lesa humanidad, la pista de Susana Gopar volvió a activarse. Resultaba difícil que alguien hiciera referencia en sus conversaciones telefónicas a un hecho ocurrido dos años atrás, por lo que el secretario Juan Martín Nogueira –que sí sabía quién era Gopar- decidió generar un motivo para volver a hablar de López en Los Hornos.

El 30 de diciembre de ese año, más de una decena de personas se reunió en la puerta de la casa del testigo desaparecido. Allí estaban su hijo Rubén, los abogados querellantes Aníbal y Guadalupe, el abogado de la familia, Alfredo Gascón, tres policías de la Federal, el prosecretario Pablo Schapiro y Nogueira, a cargo de la medida ordenada por el juez Corazza: reconstruir el recorrido de López en su último día. Hasta se había convocado a la prensa. Las cámaras hacían que la caminata fuera más vistosa.

Tal como se desprendía de los datos aportados por los testigos, el grupo se detuvo en calle 66, entre la verdulería y Edelap, en la puerta de la casa de Susana Gopar. “Del lado de enfrente se ve un cartel que dice ‘Arana’. Una macabra coincidencia”, notó la periodista Adriana Meyer, en alusión a uno de los centros clandestinos donde había estado detenido López en 1976. El objetivo de la reconstrucción era desempolvar el tema para lograr que Susana Gopar, con los teléfonos intervenidos, dijera algo al respecto.”

(Párrafo perteneciente al libro “Los días sin López. El testigo desaparecido en democracia”, de Luciana Rosende y Werner Pertot)

Año: 2016
Cantidad de Bloques: 02

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11 de septiembre de 2016

Pablo Díaz y Alejo García Pintos: La Noche de los Lápices. Esas Otras Siluetas del Horror. (Parte I)

PABLO DÍAZ.
Sobreviviente de La Noche de los Lápices.
ALEJO GARCÍA PINTOS.
Actor.
Interpretó a Pablo Díaz
en el film La Noche de los Lápices.

Lápices que siguen escribiendo

Felipe Pigna

“La crueldad no tenía límites en aquella Argentina ocupada de 1976 y esto estaba lejos de ser un defecto para los usurpadores del poder y sus socios civiles. Era para ellos una de sus virtudes aquella decisión “inclaudicable” de reorganizarnos, de llevarnos por la “senda de grandeza”, aquellos “objetivos sin plazos”, “aquel marchemos hacia las fronteras”, “el tiempo y esfuerzo, esenciales para cualquier logro”, el “achicar el Estado es agrandar la Nación” y todo esa  palabrería hueca que escondía el vaciamiento del país y la peor matanza de la historia argentina.

Aquella matanza contó con el aval explícito del Departamento de Estado de los Estados Unidos, como lo recordaba el ex embajador en nuestro país Robert Hill: “Cuando Henry Kissinger llegó a la Conferencia de Ejércitos Americanos de Santiago de Chile, los generales argentinos estaban nerviosos ante la posibilidad de que los Estados Unidos les llamaran la atención sobre la situación de los derechos humanos. Pero Kissinger se limitó a decirle al canciller de la dictadura, almirante César Guzzetti, que el régimen debía resolver el problema antes de que el Congreso norteamericano reanudara sus sesiones en 1977. A buen entendedor, pocas palabras. El secretario de Estado Kissinger les dio luz verde para que continuaran con su ‘guerra sucia’. En el lapso de tres semanas empezó una ola de ejecuciones en masa. Centenares de detenidos fueron asesinados. Para fin del año 1976 había millares de muertos y desaparecidos más. Los militares ya no darían marcha atrás. Tenían las manos demasiado empapadas de sangre”.

El general-presidente Videla quiso convertir aquella masacre en una incógnita declarando que el desaparecido “no tiene entidad, no está ni muerto ni vivo, está desparecido”. La elección de la palabra no es aleatoria, es perversa en boca del verdugo, que no tenía ninguna duda sobre el destino de los prisioneros políticos y exhibía en público el terrible método elegido para atormentar aún más a los familiares: crear la incógnita sobre el destino de su ser querido. Aquel desconocimiento era parcial porque el horizonte del grupo familiar que sufría la pérdida era dramático y no era tan incógnito el destino sufrido por la víctima como conocer el lugar de detención y poder saber si seguía con vida. Sobre el resto no había incógnitas, había certezas, dolor, soledad y búsqueda incesante.

En aquel panorama la represión en los colegios secundarios fue muy dura, y apuntó a terminar con el alto nivel de participación política de los jóvenes en los centros de estudiantes y en las agrupaciones políticas.

Las invitaciones a vigilar y castigar pasaban de la conferencia de prensa a la sala de torturas y a la muerte. Muchos colegios secundarios del país tienen hoy placas conmemorativas de sus alumnos desaparecidos.

El hecho emblemático, “didáctico” de aquel terrorismo de Estado fue el que pasó a la historia como “la noche de los lápices”, aquella noche del 16 de septiembre de 1976 -21 aniversario del derrocamiento del primer peronismo por la autodenominada Revolución Libertadora- en la que fue secuestrado un grupo de jóvenes militantes secundarios de la ciudad de La Plata y alrededores. La que había sido la ciudad Eva Perón era ahora el reino del general Ibérico Saint James, autor “literario” de la inolvidable frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, luego a los indiferentes y por último a los tímidos”.”

(Fuente: http://www.elhistoriador.com.ar/articulos/dictadura/lapices_que_siguen_escribiendo.php)

Año: 2016
Cantidad de Bloques: 02

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4 de septiembre de 2016

Laura Vazquez Hutnik: Entre Globos y Viñetas. Algunas Reflexiones Sobre las Historietas.

LAURA VAZQUEZ HUTNIK
Doctora en Ciencias Sociales
Autora de "El Oficio de las Viñetas.
La Industria de la 
Historieta Argentina"

"Siempre nos resultará espinoso, para quienes pretendemos comprometer al arte y probar que el arte tiene que ver con la política, demostrar que se puede comprometer a la pintura.  
(...)
Pero, ¿se puede comprometer a la historieta? Es obvio: es imposible no hacerlo. La historieta no participa de esa inocencia de naturaleza de que goza la pintura. El grafismo, la imagen visual, el tipo de dibujo, se hallan en la historieta ligados al relato. La historieta no nos habla de “tipos”, ni de “especies” de hombres: sino siempre de un cierto individuo, que a fuerza de irreal no es menos un tal Mutt o un tal Lindor Covas, y que vive en un momento preciso de la historia, que lleva una vida particular, con sus rasgos de carácter, y situado, en la mayor parte de los casos, en el interior de un determinado grupo social. 
En la historieta todo significa, o bien, todo es social y moral”

(Fragmento del libro “La Historieta en el Mundo Moderno”, de Oscar Masotta)

Año: 2016
Cantidad de Bloques: 02

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28 de agosto de 2016

Héctor Benedetti: Por los Arrabales de un Barrio llamado Tango

HÉCTOR BENEDETTI
Escritor.
Autor del libro
"Nueva historia del tango.
De los orígenes
al Siglo XXI"

“Desde comienzos del siglo XX, las diferentes teorías acerca del origen del tango han intrigado a muchos investigadores y prácticamente no hubo libro sobre la historia de nuestra música que no sintiera la obligación de arriesgar una hipótesis.  Uno de los  grandes problemas giraba en torno al propio término “tango”.

La etimología y el ingreso al Río de la Plata de la palabra poco contribuyen a esclarecer el porqué de la existencia de esta música. Sin embargo, la correcta lectura de algunas menciones tempranas en actas y documentos puede sernos de gran ayuda.

Entre las más antiguas hay una de 1789; otra, hoy ya famosa, es de 1802 e informa de una “casa y sitio del tango”. En 1807 y 1808 vuelve a registrarse el término, esta vez en actas del Cabildo de Montevideo, donde se habla de “los tangos de negros” y de la necesidad de que el gobernador Francisco J. Elío los prohíba. Pero ¿a qué se referían exactamente estos documentos?”

(Fragmento de “Nueva Historia del Tango: De los orígenes al siglo XXI”, de Héctor Benedetti y publicado por Siglo Veintiuno Editores)

Año: 2016
Cantidad de Bloques: 02

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